Cuatro minutos antes.
Narra Angie:
Seguía a Miguel por fuera de la casa.
Aquel chico aún no me había dicho a donde íbamos.
-¿A dónde vamos?- pregunté.
Estábamos hablando en español ya que
no había necesidad de hablar en inglés.
-Al mejor escondite que hayas visto en
tu vida- se había dado la vuelta para hablarme caminando hacia
atrás.
Volvió a colocarse hacia delante para
no chocarse. Llegamos hasta uno de los lados de la casa. Había un
árbol gigante que llegaba hasta el tejado. Miguel se paró allí,
mirando todo ese enorme árbol.
El árbol señalado (La casa se ve por detrás)
El árbol señalado (La casa se ve por detrás)
-Subámos- dijo.
-¿¡Cómo?!- exclamé.
Ese chico estaba loco.
-Para subir al tejado- dijo- allí
seguro que nadie nos encuentra.
Cogiendo carrerilla se agarró al
tronco del árbol. Ya en una rama me incitó a subir con un gesto con
el brazo.
-Vamos- me dijo ya a tres metros de
altura.
-Es que es peligroso- no quería caerme
y abrirme la cabeza.
Dejó de escalar y se giró para
mirarme.
-La ramas son muy anchas y hay muchas, no hay peligro alguno. Pero haz lo que quieras- y siguió hacia
arriba.
No estaba por la labor de perder. El
miedo me echaba un poco para atrás pero no quería quedarme aquí y
ser pillada la primera. Decidí subir imitando los pasos de Miguel.
Así subiría sin problemas.
Empecé a subir. Poco a poco.
Miguel ya estaba llegando al tejado.
No sabía a que distancia estaría del suelo. Tragué saliva y empecé
a girar la cabeza.
-Será mejor que no lo hagas si tienes
tanto miedo- Miguel ya había llegado hasta arriba y me esperaba.
Le hice caso y seguí subiendo. Llegué
al final del árbol. Lo único que tenía que hacer ahora era saltar
desde la rama en la que estaba hasta el tejado. Era poco trozo pero
la punta de la rama era más débil. Me sorprendió lo que hizo
ahora. Me había demostrado durante aquel día que había pasado con
él que era un chico que no se preocupaba mucho por los demás, que
solo quería divertirse aunque para ello tuviera que tirar a su
hermana al fondo del lago. No había pensado en ningún momento que
se molestaría en alargar la mano para ayudarme a saltar. Como un
verdadero caballero. Con ayuda de su mano y de un impulso mío hasta
caer encima de la casa. Me senté sobre ellas impresionada por lo que
acababa de hacer. Miré a mi compañero que estaba en cunclillas a mi
lado mirándome.
-Gracias- dije.
Él solo sonrió. Me sentía bastante
cansada la verdad. El miedo a caerme me había cansado aún más. Me
tumbe sobre el tejado. Vi los pies de Miguel caminar hacia un balón
que debían de haber colgado.
-Aún está caliente- dijo.
Dio varios toques y se la puso en la
cabeza. La dejó caer por su espalda y le dio un golpe con el pie por
detrás, haciendo que volara por encima de su cabeza. La controló
con el pecho y la devolvió a los pies. Era buenísimo. Tenía mucho
talento para el fútbol.
-Eres muy bueno- dije incorporándome.
-Eso me dicen.
-¿Juegas en algún equipo?- pregunté.
-Si.
-¿En cual?- me puse boca abajo con las
mano sujetando la cabeza y las piernas balanceándose en el aire.
Me miró. Parecía dudar si decírmelo.
-En uno- dijo volviendo a sus toques.
-Y español ya lo sé. Pero podrías
decirme el nombre.
Suspiró y echó la cabeza hacia atrás.
Tras eso giró la cabeza y me miró de nuevo. Le dio un toque al
balón y se la colocó en las manos.
-No te interesa- y caminó a subirse a
otro de los niveles del tejado.
La flecha verde indica donde llegaron subiendo el árbol y la naranja el nivel del tejado (con nivel me refiero a diferencia de altura) al que suben.
La flecha verde indica donde llegaron subiendo el árbol y la naranja el nivel del tejado (con nivel me refiero a diferencia de altura) al que suben.
Me levanté y seguí con el tema.
-Es obvio que si que me interesa-
llegué hasta ese gran escalón que subía Miguel. Este se encontraba
sentado, con una de las pierna colgando por el escalón y la otra
encogida.
-Ya te puede ir dejando de interesar
porque no te lo voy a decir- dijo.
-Vale no me lo digas.
Estuvimos un rato en silencio. Una
suave brisa cálida daba por allí arriba. No se estaba mal. Me senté
en el suelo con la espalda apoyada sobre el escalón. Tengo una vida
bastante rara para mi edad. Me reconocen en todo México y en un
montón de países. Tengo el futuro marcado para ser una famosa
cantante. Y no niego que quiera, es un sueño hecho realidad, pero no
quiero que cambie mi vida tanto. Quiero dedicar mi vida a la música
pero no ser tan famosa que me acribillen fans por todos lados.
Debería dejar de pensar en esto. Que pase lo que tenga que pasar. Lo
único que quiero hacer ahora mismo es disfrutar de este momento con
Miguel. Se que es raro pero creo que me gusta. Me gusta ese chico tan
loco al que llaman Miguel. Hermano de una directora de cine y un
crack en el fútbol. Con lo que le hizo a Justin me empecé a fijar
en él y en un solo día ya me gustaba. El problema es que cuando
acabara el verano yo me marcharía a México y el a España y todo a
la mierda. Todo esto lo estaba pensando mientras miraba a la
estrellas. No me di cuenta de que el chico en el que pensaba estaba
mirando al jardín trasero de la casa. Con curiosidad fui a descubrir
aquello que tanto le interesaba. Desde un nivel del tejado más bajo
que el suyo observé a la altura a la que me encontraba. Me mareé un
poco a pesar de que ya me había tirado en alguna otra ocasión por
tirolina a esa altura. Dejé de mirar para volver poner mi cabeza en
su sitio ¿yo he escalado todo eso?
-¿Mucha altura?- me preguntó.
-Bastante.
-Tranquila eso solo pasa la primera vez
que te asomas vuelve a asomarte y ya no te pasará.
Hice lo que me dijo y efectivamente no
me mareé. Me dí cuenta de que Abraham había salido fuera. Parecía
buscar a alguien que había oído, pero no lo encontraba.
-Busca a alguien ¿verdad?
-Ajá- dijo sin quitar la mirada del
cantante- creo que están en la piscina. Pero no me hagas mucho caso.
Se levantó y agarro en balón.
-En cuanto le de túmbate en el suelo
para que no te vea.
Yo acaba de subir a su nivel.
-¿Qué vas ha hacer?- pregunté
extrañada.
-Hay que divertirse un poco- dijo con
una sonrisa algo perversa.
Fuera lo que fuese que tuviera en esa
divertida y alocada mente iba a ser gracioso.
-Observa.
Colocó el balón en el borde del
tejado y se echo para atrás. Cogió carrerilla y disparó el balón.
No sé como lo hizo, pero el balón atinó en la cabeza de Abraham.
En cuanto lo vi me eché en el suelo como me dijo. Yo no podía
aguantarme la risa y Miguel tampoco. Desde allí veíamos a Abraham
mirando a todos lados sin entender. Tumbado sobre el suelo no
conseguía vernos pero nosotros a él si. Si que miró hacia nosotros
pero creo que no vio nada. Se marchó por el otro lado de la casa.
Nos dimos la vuelta, mirando hacia las
estrellas. Seguíamos riendo.
-Esa ha sido buena- le dije con dolores
de tripa de tanto reírme.
-Si- dijo también entre risas.
Aprovecharé cada segundo de risas con
él. Y tenía claro que iban a ser muchas.
Pobre abraham, la próxima vez que sea Justin quién reciba las ostias XD
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