lunes, 22 de julio de 2013

6. El escondite: "A siete metros sobre el suelo"


Cuatro minutos antes.

Narra Angie:

Seguía a Miguel por fuera de la casa. Aquel chico aún no me había dicho a donde íbamos.
-¿A dónde vamos?- pregunté.
Estábamos hablando en español ya que no había necesidad de hablar en inglés.
-Al mejor escondite que hayas visto en tu vida- se había dado la vuelta para hablarme caminando hacia atrás.
Volvió a colocarse hacia delante para no chocarse. Llegamos hasta uno de los lados de la casa. Había un árbol gigante que llegaba hasta el tejado. Miguel se paró allí, mirando todo ese enorme árbol.

El árbol señalado (La casa se ve por detrás)

-Subámos- dijo.
-¿¡Cómo?!- exclamé.
Ese chico estaba loco.
-Para subir al tejado- dijo- allí seguro que nadie nos encuentra.
Cogiendo carrerilla se agarró al tronco del árbol. Ya en una rama me incitó a subir con un gesto con el brazo.
-Vamos- me dijo ya a tres metros de altura.
-Es que es peligroso- no quería caerme y abrirme la cabeza.
Dejó de escalar y se giró para mirarme.
-La ramas son muy anchas y hay muchas, no hay peligro alguno. Pero haz lo que quieras- y siguió hacia arriba.
No estaba por la labor de perder. El miedo me echaba un poco para atrás pero no quería quedarme aquí y ser pillada la primera. Decidí subir imitando los pasos de Miguel. Así subiría sin problemas.
Empecé a subir. Poco a poco.
Miguel ya estaba llegando al tejado. No sabía a que distancia estaría del suelo. Tragué saliva y empecé a girar la cabeza.
-Será mejor que no lo hagas si tienes tanto miedo- Miguel ya había llegado hasta arriba y me esperaba.
Le hice caso y seguí subiendo. Llegué al final del árbol. Lo único que tenía que hacer ahora era saltar desde la rama en la que estaba hasta el tejado. Era poco trozo pero la punta de la rama era más débil. Me sorprendió lo que hizo ahora. Me había demostrado durante aquel día que había pasado con él que era un chico que no se preocupaba mucho por los demás, que solo quería divertirse aunque para ello tuviera que tirar a su hermana al fondo del lago. No había pensado en ningún momento que se molestaría en alargar la mano para ayudarme a saltar. Como un verdadero caballero. Con ayuda de su mano y de un impulso mío hasta caer encima de la casa. Me senté sobre ellas impresionada por lo que acababa de hacer. Miré a mi compañero que estaba en cunclillas a mi lado mirándome.
-Gracias- dije.
Él solo sonrió. Me sentía bastante cansada la verdad. El miedo a caerme me había cansado aún más. Me tumbe sobre el tejado. Vi los pies de Miguel caminar hacia un balón que debían de haber colgado.
-Aún está caliente- dijo.
Dio varios toques y se la puso en la cabeza. La dejó caer por su espalda y le dio un golpe con el pie por detrás, haciendo que volara por encima de su cabeza. La controló con el pecho y la devolvió a los pies. Era buenísimo. Tenía mucho talento para el fútbol.
-Eres muy bueno- dije incorporándome.
-Eso me dicen.
-¿Juegas en algún equipo?- pregunté.
-Si.
-¿En cual?- me puse boca abajo con las mano sujetando la cabeza y las piernas balanceándose en el aire.
Me miró. Parecía dudar si decírmelo.
-En uno- dijo volviendo a sus toques.
-Y español ya lo sé. Pero podrías decirme el nombre.
Suspiró y echó la cabeza hacia atrás. Tras eso giró la cabeza y me miró de nuevo. Le dio un toque al balón y se la colocó en las manos.
-No te interesa- y caminó a subirse a otro de los niveles del tejado. La flecha verde indica donde llegaron subiendo el árbol y la naranja el nivel del tejado (con nivel me refiero a diferencia de altura) al que suben.

Me levanté y seguí con el tema.
-Es obvio que si que me interesa- llegué hasta ese gran escalón que subía Miguel. Este se encontraba sentado, con una de las pierna colgando por el escalón y la otra encogida.
-Ya te puede ir dejando de interesar porque no te lo voy a decir- dijo.
-Vale no me lo digas.
Estuvimos un rato en silencio. Una suave brisa cálida daba por allí arriba. No se estaba mal. Me senté en el suelo con la espalda apoyada sobre el escalón. Tengo una vida bastante rara para mi edad. Me reconocen en todo México y en un montón de países. Tengo el futuro marcado para ser una famosa cantante. Y no niego que quiera, es un sueño hecho realidad, pero no quiero que cambie mi vida tanto. Quiero dedicar mi vida a la música pero no ser tan famosa que me acribillen fans por todos lados. Debería dejar de pensar en esto. Que pase lo que tenga que pasar. Lo único que quiero hacer ahora mismo es disfrutar de este momento con Miguel. Se que es raro pero creo que me gusta. Me gusta ese chico tan loco al que llaman Miguel. Hermano de una directora de cine y un crack en el fútbol. Con lo que le hizo a Justin me empecé a fijar en él y en un solo día ya me gustaba. El problema es que cuando acabara el verano yo me marcharía a México y el a España y todo a la mierda. Todo esto lo estaba pensando mientras miraba a la estrellas. No me di cuenta de que el chico en el que pensaba estaba mirando al jardín trasero de la casa. Con curiosidad fui a descubrir aquello que tanto le interesaba. Desde un nivel del tejado más bajo que el suyo observé a la altura a la que me encontraba. Me mareé un poco a pesar de que ya me había tirado en alguna otra ocasión por tirolina a esa altura. Dejé de mirar para volver poner mi cabeza en su sitio ¿yo he escalado todo eso?
-¿Mucha altura?- me preguntó.
-Bastante.
-Tranquila eso solo pasa la primera vez que te asomas vuelve a asomarte y ya no te pasará.
Hice lo que me dijo y efectivamente no me mareé. Me dí cuenta de que Abraham había salido fuera. Parecía buscar a alguien que había oído, pero no lo encontraba.
-Busca a alguien ¿verdad?
-Ajá- dijo sin quitar la mirada del cantante- creo que están en la piscina. Pero no me hagas mucho caso.
Se levantó y agarro en balón.
-En cuanto le de túmbate en el suelo para que no te vea.
Yo acaba de subir a su nivel.
-¿Qué vas ha hacer?- pregunté extrañada.
-Hay que divertirse un poco- dijo con una sonrisa algo perversa.
Fuera lo que fuese que tuviera en esa divertida y alocada mente iba a ser gracioso.
-Observa.
Colocó el balón en el borde del tejado y se echo para atrás. Cogió carrerilla y disparó el balón. No sé como lo hizo, pero el balón atinó en la cabeza de Abraham. En cuanto lo vi me eché en el suelo como me dijo. Yo no podía aguantarme la risa y Miguel tampoco. Desde allí veíamos a Abraham mirando a todos lados sin entender. Tumbado sobre el suelo no conseguía vernos pero nosotros a él si. Si que miró hacia nosotros pero creo que no vio nada. Se marchó por el otro lado de la casa.
Nos dimos la vuelta, mirando hacia las estrellas. Seguíamos riendo.
-Esa ha sido buena- le dije con dolores de tripa de tanto reírme.
-Si- dijo también entre risas.
Aprovecharé cada segundo de risas con él. Y tenía claro que iban a ser muchas.


1 comentario:

  1. Pobre abraham, la próxima vez que sea Justin quién reciba las ostias XD

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